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La actividad agropecuaria es la actividad productiva más antigua de la humanidad; este simple hecho implica que es el sector que ha experimentado el mayor número de políticas públicas.

sábado, abril 28, 2007

Grandes Vinos ESPAÑA

Grandes Vinos

DESDE BURDEOS HASTA ALONSO DEL YERRO
Los 2006 de Stéphane Derenoncourt

VÍCTOR DE LA SERNA

De las viñas empapadas por la lluvia de este frío inicio de primavera, que a diario recorre en pantalón de pana y duro calzado de campo, a las finas 'boiseries' y las arañas majestuosas del Hotel George V de París, Stéphane Derenoncourt se calzaba por un día, este 30 de marzo de 2006, unos finos zapatos de tafilete negro para dirigir, como cada año, la cata que bajo la advocación de 'Terruños' reúne las cuatro decenas de fincas vitícolas a las que asesora en todo el mundo. Es, como siempre, el anticipo de la semana de las 'Primeurs' de Burdeos y la presentación en público de la añada 2006.

Ha sido una añada difícil en Burdeos y en otras zonas, entre las que destaca la Ribera del Duero. Allí están los pagos de Alonso del Yerro, única propiedad española que trabaja con el nuevo 'gurú' bordelés, el primero que es más viticultor que enólogo, más hombre de campo que de bodega.

En la cena de confraternidad que reunía a los bodegueros y viticultores llegados de Francia, España, Italia, Estados Unidos y Siria, Derenoncourt se arrancaba con un brindis a los vinos "finos, equilibrados, con terruño, que apetece beber". "Estoy cansado de los vinos demasiado poderosos y concentrados", añadía.

A lo largo de un par de horas de cata a la que asistieron invitados de lujo –como el 'mago de los suelos', Claude Bourguignon, y sumilleres famosos convertidos en cronistas influyentes del vino, como Myriam Huet, Olivier Poussier o Jérôme Bureau– se pudo comprobar qué vinos, de aquellos en cuya producción interviene Derenoncourt, han podido en 2006 acercarse a su ideal de finura, equilibrio y digestibilidad.

No han sido demasiados, porque las condiciones de un 2006 que en Europa se anunciaba tan bueno como 2005 o 2004 se torcieron hasta el punto de convertir en un quebradero de cabeza la vendimia. Una tremenda oleada de calor en la primera semana de septiembre causó la pasificación de muchas uvas en las cepas antes aún de madurar del todo, y en las zonas más occidentales, como la de Burdeos, las lluvias que siguieron desencadenaron una podredumbre generalizada.

Cuando se admira la finura y la complejidad de un Domaine de l'A, la finca propiedad del propio Derenoncourt en la renacida denominación de Côtes de Castillon, une puede preguntarse si de verdad existieron esas condiciones difíciles. La respuesta, dura para un bodeguero que debe vivir de vender el vino que produce, es que sólo con una feroz selección en la viña y la bodega, y por tanto con una reducción drástica de la cantidad de vino producida, pudo alcanzarse esa calidad.

No todos los clientes del viticultor-enólogo oriundo del norte de Francia lograron ese mismo resultado. En una serie de vinos presentes en la cata, sobre todo de las zonas menos aventajadas de Burdeos como son los terruños de Entre-Deux-Mers, se apreciaban ciertos desequilibrios junto a aromas pesados de fruta algo pocha que son los de la sobremadurez con indicios de podredumbre.

Pero hay que reconocer que bastantes de los 'châteaux' presentes, y no sólo los de ringorrango, se mostraban espléndidos, y el nivel de la cata fue mucho más elevado de lo que la semana próxima serán las de las 'Primeurs' bordelesas. La insistencia en el trabajo en la viña, que es la base del trabajo de un Derenoncourt o de un Bourguignon, es recompensada en añadas duras como la de 2006.

En una sala del hotel, los vinos tintos estaban dispuestos en forma de herradura. A la izquierda se empezaba por los teóricamente más sencillos y sin duda más baratos para pasar a las grandes denominaciones de la margen derecha (Saint-Émilion y Pomerol en cabeza), algunas de la izquierda (con una propiedad tan prestigiosa como Domaine de Chevalier, que mostraba un 2006 más redondo y jugoso de estilo que en tiempos pasados), y luego el pequeño grupo de bodegas extranjeras, cerrando Alonso del Yerro (y una mesita de blancos diversos) la amplia degustación.

Eran efectivamente pocos los vinos blancos presentes en la cata del George V, pero varios con interés, como el peculiar Ch. Les Charmes Godard (AOC Côtes de Francs), hecho con 45% sémillon, 10% muscadelle y 45% sauvignon gris, el escasísimo y muy floral (pero muy alcohólico, si se le deja llegr a la madurez fenólica) primo del sauvignon blanc. Un vino exótico, muy perfumado y sabroso.

Una modesta propiedad (AOC Bordeaux Supérieur, en zona cercana a Saint-Émilion), el Château Jean Faux, propiedad del tonelero Pascal Collotte, nos muestra con un tinto lleno de viveza (80% merlot, 20% cabernet franc) que también en estas zonas se podían hacer el año pasado buenos vinos. Derenoncourt lleva tres años trabajando aquí, y se notan los progresos.

Entre los vinos menos famosos catamos varios de interés: el exótico y goloso Château Haut-Ballet (AOC Canon-Fronsac, 100% merlot sobre calizas), el fresco y fino Château Brown, que desde 2005 ha cambiado de propietario y acudido a Stéphane (AOC Pessac-Léognan, 70% cabernet sauvignon, 27% merlot, 3% petit verdot) y el elegante Château Branas Grand-Poujeaux (AOC Moulis, 50% merlot, 45% cabernet sauvignon, 5% petit verdot).

La potencia más que la finura distinguía a la mayoría de los vinos más conocidos de Saint-Émilion, destacando Ch. Ferrand-Lartigue, Clos Fourtet, Ch. Rol Valentin y Ch. Armens. Más fino y delicado Ch. Guadet, y el más completo –vigor y elegancia a partes iguales– de este grupo nos pareció ser un gran Ch. La Tour-Figeac, casi un pomerol, tanto en estilo como en situación geográfica. De Pomerol es Ch. Petit-Village, muy crudo ahora mismo pero con serio porvenir (varios vinos presentes acababan de terminar la fermentación maloláctica o incluso no la habían completado).

El nivel superior lo alcanzaban un enorme Ch. Pavie Macquin y las cuatro propiedades del conde Stephan von Neipperg, que fueron las primeras que dieron fama a Derenoncourt: en AOC Côtes de Castillon, el otrora catalán (fue propiedad de Raventòs i Blanc) Ch. d'Aiguilhe, y en Saint-Émilion el Clos de l'Oratoire, Ch. Canon-La Gaffelière y el 'garagiste' La Mondotte. Son vinos de una gran clase hasta en añadas menores.

Y ahí se acababa la parte bordelesa, pero no lo interesante. Buenos vinos catalanes los del Mas Amiel, famoso por sus vinos dulces incluido un 'vintage' espectacular de viejas cepas de garnacha, en la AOC Maury, que aquí mostraba sus interesantes vinos secos de la AOC Côtes-du-Roussillon Villages, como el Carérades (70% garnacha, 30% syrah). Y mejores los del Domaine de la Soumade en el Ródano sur, sobre todo su magnífico Rasteau (90% garnacha, 10% monastrell). Estos dos vinos nos indicaban que 2006 ha sido menos problemático en el sureste de Francia que en Burdeos.

No pasaban de honrosas curiosidades el 'supertoscano' de Bolgheri, l'Argentiera, y los exotiquísimos Boxwood, de ¡Virginia!, y La Française des Vins, de ¡Siria! Pero sí que llamaba la atención la clásica suavidad y amabilidad del Tenuta La Novella, una propiedad reconstruida desde 1996 en la DOCG Chianti Classico, con viticultura hoy totalmente biodinámica, y un vino que gana carácter con un ensamblaje de 85% sangiovese, 10% colorino y 5% de la blanca canaiolo.

Pero la estrella internacional del 'show' de Derenoncourt han sido sin duda las muestras de barrica de los vinos de Javier Alonso y de su mujer, María del Yerro: el Alonso del Yerro y el María. No fue 2006 una añada fácil en Ribera del Duero (aunque sin los graves problemas de Botrytis bordeleses), pero tres años de trabajo en viñedo a fondo con Derenoncourt, identificando con precisión los tipos de suelo y mejorando aspectos fundamentales como el enraizamiento profundo con la colaboración de Bourguignon, se reflejan en un vino de mayor finura tánica y sedosidad de textura que los de añadas más favorables como 2004.

Cada año se va notando la construcción paulatina, pero sin tregua, de uno de los grandes vinos de pago de esta denominación. Un trabajo de equipo, típico de la forma de actuar de Derenoncourt, que ha dejado muy impresionados a quienes no conopcían este ribera del Duero de la nueva hornada. Y, de paso, ha dejado en gran lugar a los vinos españoles actuales.


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