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La actividad agropecuaria es la actividad productiva más antigua de la humanidad; este simple hecho implica que es el sector que ha experimentado el mayor número de políticas públicas.

jueves, marzo 20, 2008

Hacia dónde debe ir Chile en biocombustibles

Hacia dónde debe ir Chile en biocombustibles   Los cálculos son claros: producir en el país bioetanol o biodiésel no es viable pues su costo es muy alto. Si lo que se quiere es diversificar la matriz energética, la opción es importarlos y apostar por lo que viene: los de segunda generación.


Mientras el mundo avanza rápido hacia los biocombustibles, Chile parece quedarse atrás.

"Si se le compara con países como Brasil, claramente estamos atrasados. Pero eso de alguna forma es una ventaja, porque es distinto comenzar a tratar de inventar la rueda a intentar copiar lo que se ha hecho bien", dice Marcelo Tokman, ministro de Energía.

Aunque aparentemente todo está a nivel de discusión, en realidad hay producción de bioetanol y biodiésel a pequeña escala y existe un marco legislativo básico que facilita su uso. Sin embargo, el tema cambia cuando se piensa en producirlos en forma masiva a partir de cultivos agrícolas. Aquí el tema es si el país tiene las condiciones legislativas y productivas y cuál es la opción. Y todo parece indicar que no son las tradicionales, sino que tiene que enfocarse a los llamados de biocombustibles de segunda generación. Es decir, aquellos elaborados a partir de biomasa agrícola, que son convertidos en etanol o biodiésel a través de avanzados procesos químicos.

La mayor deficiencia actual es que, según las fuentes consultadas, no está tomada la decisión estratégica de qué quiere el país en esta materia: si seguridad e independencia energética o diversificación de la matriz. Será ello lo que determine finalmente cómo se enfrenta el tema.

"Chile ya es un mercado viable y tiene todos los insumos requeridos. Este es un problema que hay que mirar a mediano o largo plazo, para el que tiene que encontrar su vocación y a partir de ahí explicitar la materia prima, la tecnología y el modelo", dice Marcelo Herskovits, director del Área de Recursos Naturales y Servicios Públicos de Accenture.

Si lo que el país busca es diversificación energética, las condiciones básicas están.

"Se construyen los cimientos con iniciativas legales que ya hay", recalca Tokman.

Se refiere a la norma que actualmente está en la Contraloría que autoriza - hacer obligatorio- el uso de los biocombustibles para motores vehiculares en mezclas de hasta 5%. También está la resolución que los exime del impuesto específico que afecta a los derivados de los carburantes fósiles.

"Era imposible que se desarrollaran en Chile si no se permitía su utilización", recalca el ministro de Energía.

Agrega que otra forma de apoyar el tema es tratar de conectar y aprovechar todas las experiencias del resto del mundo. "Estamos afinando los detalles para que nos envíen etanol desde Brasil y empezar a utilizarlo en forma experimental".

Hay que tener claro, eso sí, que como el objetivo aquí es contar con nuevas fuentes, no importará si son generadas en el país o provienen de importación; por lo tanto, el beneficio para los agricultores sería menor y se quedaría dependiente de los proveedores extranjeros, riesgo que puede minimizarse al existir un mercado internacional estable que permita diversificar las compras.

La situación es radicalmente distinta si lo que se quiere es independencia energética - y de paso una alternativa agrícola distinta- , pues significa que el país debe saber qué está dispuesto a invertir para ello.

Los estudios numéricos son muy claros: producir en forma masiva bioetanol o biodiésel en el país, a partir de maíz, trigo, arroz o raps, podría implicar que el Estado invirtiera, igual como lo han hecho otros países, en incentivos y subsidios que compensaran las deficiencias económicas.

Porque todo indica que los números no son muy favorables para fabricarlos en el país pues, a pesar del alto valor del barril de petróleo, el etanol elaborado en Chile sería casi un 38% mayor que el brasileño, pues los costos son muy elevados.

"Casi el 80% del valor final de los biocombustibles se explica por el costo de la materia prima", indica Rodrigo Ortega, de Centro Avanzado de Gestión, Innovación y Tecnología para la Agricultura (CATA) de la Universidad Federico Santa María, quien realizó junto a otros tres investigadores un estudio agroeconómico del tema.

De los cultivos existentes, en el caso del bioetanol, la mejor opción para Chile, desde el punto de vista económico y agrícola, es el maíz; y para el biodiésel, el raps, dos productos que han seguido la tendencia internacional al alza.

Pero a lo anterior se suma que Chile posee pocas tierras disponibles; de hecho, con el alza de los granos se ha desatado una verdadera batalla por ganar los suelos. Y por muy eficientes que sean los agricultores, las cifras son claras: el país es deficitario en maíz y trigo, tanto, que debe importar cerca del 50% de sus necesidades.

"Hay una escasez relativa de los terrenos agrícolas cultivables, pero hay que considerar que la gestión de la bioenergía es un proceso dinámico que se está desarrollando todos los días", dice Guilherme Schuetz, coordinador del Grupo de Biocombustibles de la Oficina Regional de la FAO.

Es la suma de esos factores lo que le pone paños fríos a la posibilidad de producirlos.

MAíz y raps ¿son opciones?

Los cálculos matemáticos muestran que fabricar etanol en el país es poco viable, al menos desde el punto de vista económico. De acuerdo a las proyecciones realizadas por CATA, un litro de etanol a la salida de planta costaría US$ 0,588 considerando un maíz a US$0,152 el kilo y obteniendo 0,46 litros de etanol por kilo de maíz (sumada la venta de productos alternativos, como la torta de proteínas). El de caña, traído desde Brasil costaría US$ 0,33, es decir, es 78% más barato.

"Si el precio de los factores de producción se elevan 10%, el precio del etanol crece en 6,6%", indica Roberto Muñoz, economista que también participó en el estudio de CATA.

A esto hay que sumar que el maíz se produce en un área limitada del país y que las posibilidades de extenderlo son escasas por sus exigencias agroclimáticas. Por ello aumentar la superficie plantada significaría reconvertir plantaciones que en la actualidad son más rentables. No se desconoce que con cambios tecnológicos podrían mejorar rendimientos y eficiencia, pero, además de que en Chile aún no se pueden cultivar transgénicos como los que permitirían plantarlos en zonas áridas, está por verse qué tan significativo puede ser el impacto, dicen los expertos.

Y como señala el ministro Tokman, "cada país desarrolla las bioenergías en base a las materias primas en donde tiene ventajas competitivas. Claramente la caña no es una opción en Chile. Que podamos utilizar el maíz parece poco probable, pues hay otros países donde es más competitivo".

Hasta hace poco la opción del biodiésel en base a raps aparecía como más factible. Esta oleaginosa se cultiva desde la Séptima Región al sur y las cerca de 20 mil hectáreas actuales podrían elevarse a unas 200 mi.

Además, producirlo en Chile era más eficiente que importarlo. El estudio de Cata determinó que un litro de biodiésel a la salida de planta costaría US$ 0,609 considerando raps a US$0,219 el kilo y obteniendo 0,44 litros de kilo. Si se trajese de Brasil, en cambio, costaría US$1,1.

Sin embargo, las condiciones han cambiado. El aceite de raps es una importante fuente de nutrición para los salmones, lo que ha elevado el precio de la oleaginosa. De hecho, en el último año su valor prácticamente se ha duplicado en el país, lo que lo ha vuelto menos rentable que el etanol: el barril de petróleo está en US$105, y el de biodiésel de raps alcanzaría los US$ 182, es decir, 73% más caro, según CATA.

Se entiende entonces que el Gobierno mire con más atención a los biocombustibles de segunda generación.

Hacia ello se enfocan algunos proyectos estatales, como el consorcio convocado por Corfo para investigar como elaborarlos a partir de biomasa sector forestal, donde el sector público colocaría US$ 6 millones y la contraparte privada US$ 4 millones.

"Está en toma de razón en la Contraloría y el próximo mes debiera estar haciéndose el llamado público", cuenta Tokman.

Además contemplan viajar a EE.UU a estudiar ese tipo de producciones.

Y si bien desde el sector privado aún se escuchan voces que piden que la ley establezca las mezclas en forma obligatoria, Tokman enfatiza que "No creemos que se requieran mayores cambios legales. De todas formas, vamos a ver cómo va desarrollándose esto y en base a ello tendríamos que hacer una nueva evaluación más adelante".

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