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La actividad agropecuaria es la actividad productiva más antigua de la humanidad; este simple hecho implica que es el sector que ha experimentado el mayor número de políticas públicas.

sábado, junio 15, 2013

calentamiento global:

Suicidio a pausas

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Se tiene ya evidencia de las consecuencias del calentamiento global, de desastres significativos que se están produciendo en el ámbito mundial.

Se tiene ya evidencia de las consecuencias del calentamiento global, de desastres significativos que se están produciendo en el ámbito mundial.

Foto: EFE/JIM LO SCALZO
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PUBLICADO: JUN, 15, 2013 12:00 AM EST print article 
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Ecología

Por más increíble que resulte, existe todavía gente que desconoce, no se ha enterado, no le importa o bien acomodaticiamente no quiere ver, niega la evidencia, quizá motivada por intereses financieros o económicos. Pero las manifestaciones de la tragedia del calentamiento global, del agotamiento de los recursos naturales están allí. John Cook y Moisés Naím se han encargado recientemente de documentar datos y de darlos a conocer.

De conformidad con estos autores, entre 1991 y 2011 se han publicado 11,944 artículos científicos, producto del esfuerzo de 29,083 investigadores. Lo fundamental de la conclusión a que han llegado, en un 98.4%, es que el calentamiento global es producido por la actividad humana. Es la raza humana y su forma de vida, de su manejo irresponsable lo que está siendo factor para la elevación generalizada de temperatura en el planeta. En relación a nuestra especie y los ecosistemas que dependemos, se trata de un suicidio a pausas. A pausas, pero suicidio al fin y al cabo.

Sí. El escenario actual y la tendencia son preocupantes. Mencionaré aquí dos aspectos en relación con esta destrucción creciente, sostenida de los recursos naturales.

Primer aspecto. Se ha determinado que el aumento de la temperatura planetaria en dos grados centígrados causaría daños sin retorno, desastres esenciales en la existencia y acceso de recursos, además de alteraciones de clima. Esos efectos combinados alterarían dramáticamente nuestras modalidades de vida y convivencia. Y la evidencia amenazadora es que sí efectivamente alcanzaremos ese umbral.

Se tiene conocimiento de que, a pesar de esfuerzos que se han tratado de hacer desde mediados de los años noventa del pasado siglo —como por ejemplo el Protocolo de Kyoto y los Acuerdos de Montreal— el consumo de energéticos contaminantes continúa galopante. Brasil, China e India no desean negar, con todo derecho, mayores niveles de acceso a calidad de vida a sus habitantes.

Un estudio del CityGroup, citado por Naím, concluye que el consumo de energía fundamentalmente de naturaleza contaminante, llegará a su mayor nivel para el año 2020. Se tiene la esperanza de que a partir de esa época, estas fuentes tóxicas de energía disminuyan su presencia, pero en todo caso lo harían de manera lenta, quizá cuando los daños ya sean irreversibles. Provocando en todo el desarrollo y ascenso de este consumo energético contaminante, detrimento de fuentes de energía limpia que hasta donde se sabe, "no son aun económicamente factibles" de utilizar de forma masiva en el mundo.

Hasta aquí un primer rasgo: el límite de graves daños se conseguirá si elevamos la temperatura planetaria en dos grados y la tendencia muestra que alcanzaremos y rebasaremos ese punto.

Un segundo aspecto: se tiene desde ya evidencia de desastres significativos que se están produciendo en el ámbito mundial. Como se recordará, en octubre de 2005 ocurrió algo por demás insólito: un huracán, Katrina, con su cauda de efectos sin precedentes, puso de rodillas a Estados Unidos, la primera potencia del planeta. Ahora, en junio de 2013 allí están las inundaciones en Europa Central, cobrándose víctimas mortales en Alemania, Austria y la República Checa.

Ante ello, ¿Qué le cabe esperar a países empobrecidos, del Cuarto Mundo, que viven casi de la caridad internacional y en medio de crisis permanentes? Estos casos existen por más que los trate de ignorar nuestro permanente sistema de entretenimiento, con su cauda creciente de trivialidades cotidianas. Allí están para atestiguarlo, países como Chad, Zambia, Haití, y Somalia. Y por supuesto también Bangladesh —en donde salarios y condiciones casi de esclavitud son parte de su política de "competitividad" internacional.

En el panorama actual, lo que está en juego no es el planeta sino nuestra propia subsistencia como especie. La Tierra tiene al menos unos 4,400 millones de años de existencia. El planeta sigue, mucho mejor sin nosotros. Lo que está en peligro es la existencia nuestra y la vida de muchas otras especies vegetales y animales. Somos nosotros los que estamos hipotecando, estamos comprometiendo irreversiblemente la posibilidad de existencia de generaciones futuras.

Ahora que aún hay tiempo, tenemos mecanismos para confrontar esta "verdad inconveniente", como acuñaba Al Gore con su documental de enero de 2006. Escúchese bien: el desafío es general, más que de carácter ideológico es de subsistencia para nosotros y para los ecosistemas que nos rodean.

Enfrentar el problema ecológico demanda esfuerzo y determinación. No podemos renunciar a esto este esfuerzo, a esta lucha, porque tampoco podemos renunciar a la sobrevivencia misma de la especie nuestra.


Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
Diplomado en "Gestión del Conocimiento" de la ONU
Diplomado en Gerencia en Administracion Publica ONU
Diplomado en Coaching Ejecutivo ONU( 
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