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La actividad agropecuaria es la actividad productiva más antigua de la humanidad; este simple hecho implica que es el sector que ha experimentado el mayor número de políticas públicas.

miércoles, abril 22, 2009

oaching con caballos. Claridad de intención

coaching con caballos. Claridad de intención

04 de marzo de 2009. Talia Soldevila

Coaching con caballos. Claridad de intención

Talia Soldevila

autores@tisoc.com


       Si hay algo que te enseñan los caballos es a tener claridad de intención.  Esta claridad, además has de tenerla estando presente al cien por cien. No vale pensar en otra cosa mientras estás con ellos, porque  de no ser así, lo perciben al instante y se desconectan o, mejor dicho, dejas de interesarles.  Pero, antes de seguir, quiero explicar un poco la naturaleza del caballo, ya que eso nos ayudará a entender cómo funcionan.


       Cuando hablo del comportamiento de los caballos siempre me refiero a su estado natural, es decir, cuando están en libertad y sin la presencia de humanos. Los caballos estabulados o que viven en espacios pequeños, están sometidos a seguir unas pautas impuestas por el cuidador como, por ejemplo la falta de vida social o tener que comer solo dos o tres veces al día.  Un caballo come entre 15 y 18 horas diarias y es un animal gregario.


       El caballo es un ser muy tranquilo. Es herbívoro, lo cual convierte su carne en algo muy apetecible para los depredadores, por lo tanto, es un animal de presa. Su supervivencia durante millones de años se ha debido a su programación biológica para la huida, su gran habilidad de sincronización y su capacidad de percibir el nivel energético de un depredador, así como su intención. Esta capacidad de percepción de niveles energéticos, incluso a una gran distancia, ha sido la base de su supervivencia. Su capacidad de sincronizar movimientos con toda la manada durante la huida dificulta la caza para un depredador; una gran masa en movimiento es más complicada de atacar que un grupo que corre disperso.


       El caballo es como un inmenso receptor y amplificador de emociones. Este hecho es lo que lo convierte en un extraordinario co-coach o co-terapeuta. ¡Imagina tener un duendecillo que te susurra al oído todos los estados emocionales de tu cliente y que, además, acierta siempre! Las sesiones de coaching se acortarían una barbaridad, porque podrías dedicarle todo el tiempo a lo que está pasando en realidad, a la verdadera esencia de la persona. Los caballos tienen ese don con el que les ha dotado la naturaleza para su supervivencia.


       Las sesiones con los caballos se basan en una serie de actividades sencillas retadoras y divertidas. El cliente deberá formar equipo con el propio caballo para conseguir que éste realice un circuito, se esté quieto, se mueva, etc. Todos las actividades han sido diseñadas por profesionales, ya sea de la salud mental o especialistas equinos. Cada una de ellas está específicamente pensada para que el coach o terapeuta trabaje un tema determinado. No se trata de realizar una actividad con éxito, se trata de explorar cómo piensa el cliente y qué recursos utiliza para realizar la actividad. No hay nada que esté bien o que esté mal, todo es válido y  dará una gran cantidad de información acerca del cliente, comenzando por el mismo caballo.


       Volvamos a la claridad de intención. Tuve una clienta que había montado un negocio con un pequeño equipo de personas a su cargo, con quienes no acababa de relacionarse satisfactoriamente. Era una mujer tímida y de aspecto frágil.  Habíamos hecho un par de sesiones con los caballos, dirigidas a reforzar su confianza. En estas sesiones su actitud había sido totalmente pasiva, hasta el punto de que casi no se movía ni hacía nada para conseguir que los caballos realizaran la actividad, por lo tanto, la respuesta de los caballos fue pasiva y se alejaban de ella  en busca de algo más interesante, hecho que  la frustraba. Al preguntarle cómo se sentía ante lo ocurrido, respondió: "No le agrado a los caballos, al igual que no agrado a mis empleados, que pasan sobre mí".


       En una ocasión le propuse una actividad de liderazgo muy sencilla: conseguir que un caballo la siguiera atado a una cuerda. Tenía que pasar por entre unos conos y hacer zig-zag entre ellos. Ella escogió  trabajar con una yegua. Cuando hizo el primer intento de guiarla, la yegua no se movió. La mujer tiraba de la cuerda mirando a la yegua, pero ésta permanecía anclada en el suelo. Le pregunté que cuando iba a algún sitio, ¿en qué pensaba? Contestó que "en sus cosas". Volvió a tirar del caballo sin resultado. Le sugerí que pensara en el lugar a donde quería que fuera la yegua, incluso que se lo explicara, junto con el recorrido que quería hacer. Me miró perpleja y, un tanto avergonzada, se dirigió al caballo y le dijo: "Wilma, vamos a ir allá. Primero pasaremos por este cono, luego por este otro".  Se volvió y apuntó con el dedo hacia donde quería ir y en ese momento Wilma dio un paso hacia adelante. Mi clienta, boquiabierta, exclamó: "¡Me ha entendido!"  Le contesté que lo que había entendido Wilma era su claridad de intención y que  a partir del momento en que ella sabía a dónde se dirigía, la yegua se había sentido lo bastante segura como para seguirla. La mujer se quedó atónita ante la simpleza del hecho y le cambió la expresión de la cara y corporal durante el resto de la sesión.


       En sesiones consecutivas, esta mujer llegó a ser capaz de liderar a los caballos sin cuerda alguna e incluso desde detrás de ellos. Con el simple hecho de saber a dónde quería ir, visualizándolo y estando convencida de que iba a llegar, consiguió maravillas que pudo aplicar en su vida cotidiana. Su negocio mejoró y su relación con sus empleados se aclaró y prosperó. Incluso cambió su aspecto físico: ya no iba tan encogida y se percibía fuerza en su presencia. La última sesión se la pasó corriendo y dando brincos de alegría por la pista con los caballos siguiéndola y jugando. Fue hermoso.


       En total hicimos cinco sesiones, ¡no son muchas para obtener resultados y cambios tan satisfactorios para el cliente!


       Los caballos reflejan nuestro estado emocional real, no el que creemos tener, o el que queremos aparentar. Son espejos emocionales. La sencillez de las actividades que se realizan con los caballos pone de manifiesto nuestro pensamiento lateral, nos ayuda a pensar creativamente y a buscar soluciones y respuestas que, de otro modo, también encontraríamos, pero empleando más tiempo. Las experiencias con los caballos nos brindan la oportunidad de metaforizar momentos de la vida y aplicar estrategias que funcionan.


(Talia Soldevila Nightingale es Coach Personal / Especialista Equina).

FRATERNALES SALUDOS,
Rodrigo González Fernández
DIOPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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